Fue después de la Guerra Civil. Un otrora banderillero de Juan Belmonte, llamado Juan Miranda, por ventura del destino y de afinidades políticas fue nombrado, con un dedazo de los que dicen ahora, Gobernador Civil de la provincia de Huelva. Ejerciendo como tal, presidía un día un festival benéfico taurino al que el propio Juan Belmonte acudía como matador.
Se inicio el paseíllo, y al terminar de cruzar el ruedo uno de los matadores se refirió al Pasmo de Triana de esta guisa:
- Juan, el presidente de la corrida… ¿No es este que estaba de banderillero contigo?
- Juan, el presidente de la corrida… ¿No es este que estaba de banderillero contigo?
A lo que Juan Belmonte respondió:
- Si
Y el otro, que seguía sin saber, insistió:
- Maestro, pero… ¿Se pué sabé como se puede llegá tan rápidamente de banderillero a Gobernador Civil de una provincia?
A lo que Juan Belmonte remató...
- Pos como va a ser… degenerando!
Maestro Juan Belmonte, fuera y dentro de los ruedos. Sin caer en el derrotismo más execrable, quería denunciar (a quien le toque) el abandono ciudadano de un tesoro nuestro: El Flamenco. Quizás, culpa de todos, aunque mas del ciudadano, del sevillano sin apellido de administración.
Que verdad tan grande que Italia venda aceite español en EEUU y se lleve los cuartos! Ante esto, el sevillano de a pié en su día a día, se lleva las manos a la cabeza y se lamenta, pero no puede hacer demasiado. A diferencia de este comercio a gran escala de sangre del campo andaluz, el flamenco, aceite de palma sorda y toque de nuestra tierra se va por los aeropuertos.
Y es que hoy, hablando con una estudiante de flamenco de Estados Unidos, que llevaba años bailando flamenco en Santa Bárbara (Los Ángeles) junto a figuras de nuestra tierra, me comentaba que llegaba a ser triste llegar a Sevilla por primera vez, e intentar poner imágenes y revivir tantas letras de bulerías y sevillanas por sus cafés cantantes y tablaos y… no encontrar mucho. Tiene que ser triste ver todo el talento que hay allí de aquí, porque en la cuna de este arte, no se les valora lo suficiente y no hay mercado para ellos, y van allí, y montan escuelas, y venden todo el papel de cafés, teatros, etc… y enseñan a bailar, y se fomenta de verdad un elemento identificador de nuestra ciudad y región.
Y queridos sevillanos... ¿Cómo se puede llegar a esto? Pues como le decía Juan Belmonte a su compañero de terna: Degenerando
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