sábado, 10 de octubre de 2020

Oportunidades

Estábamos en clase con solo 11 años, quinto curso de la extinta EGB. Era otro día de clase, otro más de muchos en los que esperábamos en nuestros pupitres, expectantes, la riña de nuestro barbudo profesor José Manuel al cuestionar éste aleatoriamente a un alumno sobre la materia…

—¡A ver… Vicente Brú! Dígame, ¿qué río pasa por Valladolid?

—¡El Guadalquivir!

Ante la imposibilidad geográfica de la respuesta del púber, el buen maestro, no con mucha esperanza, concedía la posibilidad de rectificar para evitar echar a galeras al alumno:

—Bueno, Brú, te doy otra oportunidad, pero no abuses, que este trimestre te he dado ya más oportunidades que a Platanito.

Todos en la clase reíamos, unos por conocer la burrada que soltó el niño en primera instancia, otros por la cara de compromiso de Vicente, pero ninguno por conocer la historia del mentado Platanito.

La historia de Blas Romero “Platanito” tiene difícil digestión. Como tantos otros, quería ser torero por afición, pero sobre todo por hambre. De la casa cuna al hospicio, condenado por la Ley republicana de vagos y maleantes, sufriendo palizas e incluso durmiendo en perreras… y así, pasándolas putas, llegó, con solo 16 años, a la Plaza de Toros de Vista Alegre, en la llamada “Corrida de la oportunidad”. Corría el año 1964.

Luis Miguel Dominguín (por aquel entonces propietario de la plaza) le dio 1.000 pesetas por faena durante dos años y cartel junto a “El Cordobés”, Pedro Moya “El Niño de la Capea” o Palomo Linares. Y así, de novillero, la cosa no fue mal del todo, pero un novillo no es un toro.

Después de tomar la alternativa, a Blas los cinqueños le daban auténticas palizas; era un esperpento, un fracaso absoluto, o eso parecía… Ante tal despropósito, los empresarios veían que las plazas se llenaban hasta la bandera para ver una nueva oportunidad para Platanito, pero no por afición, sino por mofa: para reírse del pobre hombre. Platanito tenía la piel gruesa, y él, que venía de pasar penuria de verdad, se sentía afortunado en cierto modo. Un día, ante un toro que le estaba masacrando, acabó con la taleguilla hecha jirones, la cara sangrando y el cuerpo lleno de arena. Ante la descomposición de la cuadrilla, Blas les asertó: “No os preocupéis, todo va según lo previsto”. Después llegó a torear 100 corridas en un año e incluso grabó una película.



Blas Romero, actualmente, vende loterías en las calles de un barrio castizo de Madrid y no sabe bien si prefiere que le reconozcan o no. Nunca revela su identidad al viandante común, pero siempre lleva encima alguna foto suya y se deja ver por los mentideros taurinos.

Y es que, aunque se dice “más oportunidades que a Platanito”, a Platanito solo le hizo falta una oportunidad, y después no le hizo falta ni torear en condiciones. Salió adelante y se ganó la vida bien por un tiempo, y no tan bien después.

La determinación por querer salir de un momento duro, y haberlas pasado canutas de verdad, vuelve casi invencible al menos pintado. Mucha suerte a todos en la recuperación de este 2020; a por la vieja normalidad.

 

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