No somos los mejores, eso está claro. De hecho nadie "son los mejores", lo malo es creérselo. Buenos y malos, mejores y peores, son términos maniqueos que solo existen en mentes mediocres. Sí hay algo a lo que no se puede renunciar ni como individuo ni como sociedad es a ser auténticos. Salir de una fotocopia en blanco y negro juntos a otros miles igual que tu te desfigura, y pierde la esencia de nuestro mayor tesoro, no ser iguales. Puedes gustar mas o menos o directamente no gustar, pero pasear por calle o mostrarte al mundo en color y dejando el blanco y negro para los mediocres no tiene precio.
He buscado comida Noruega en la principal calle de Oslo sin éxito. Solo McDonalds, Pans & Company, Italianos de medio pelo e incluso un bar de tapas. Si iba a comprar algo toda la calle estaba dibujada por nuestra exitosa Inditex ¡Qué maravilla!. Para empezar a creerme que estaba allí, me tuve que ir a restaurante de lujo en un fiordo a tomarme una sopa de salmón por 20 euros, y así Barcelona, Munich, Estocolmo, Praga, Milán, Amsterdam, ect... es decir: El éxito del blanco y negro ¿Para que comprarte algo en Zara en Sevilla si puedes viajar a Suecia y hacerlo allí, después de tomarte un Big Mac? Gracias a Dios has cogido un avión para darte cuenta que ya no estas donde estabas.
Cuanto un sector rancio de la ciudad habla de la defensa del pequeño comercio del centro, no puedo evitar imaginarme las calles de Sevilla en un blanco y negro antes o despues (seguro en camino de) Unos ridiculazan la sombrereria Maquedano, los mantones de Foronda o cualquier otra seña que da color y personalidad. Esos mismo se sienten como en casa cuando entramos en una sucursal (franquicia) de comida, ropa o de café, porque se están acostumbrando a un producto al que no tienen que renunciar independientemente de la ciudad del mundo en la que se encuentren. Ciudad en blanco y negro por minar sus calles de franquicias que borran de personalidad a la urbe y consumidores en blanco y negro que cotizan a la baja el lado en parte etnográfico y tradicional de las ciudades.
Supongo que para estos venir a Sevilla y comprobar que pueden tomarte el mismo café que en Dublin frente del Archivo de Indias en Starbucks será un placer, seguramente el avión habrá creado la diferencia, eso sí, para los que vienen. Los que estamos aquí tendremos que esperar a que pase el afilador de cuchillos para asegurarnos de que seguimos en Sevilla.
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