La
mañana de hoy me llevó a comprobar que, definitivamente ha llegado el pelete
invernal a la ciudad. Y uno se da cuenta no por el termómetro, tampoco porque
los puestos de castañas echen humo como locomotoras del Far West (que llevan
ahí desde Septiembre) ni tan siquiera porque haya un olor a chimenea que
recorre mi camino diario por el barrio de santa cruz. Lo que me da el
pistoletazo de salida del invierno en Sevilla es lo mismo que me lo da cuando
llega el verano: el miedo al calor de los sevillanos.
En Sevilla solemos presumir del calor que
hace en verano y de como lo soportamos, cuando realmente cuando llega el
mercurio hasta los 30º por primera vez en Abril o Mayo vamos buscando
aire acondicionado como posesos por las esquinas. Y ahora nos encontramos, al
llegar el invierno sevillano, bares a las 9 de la mañana, con las ventanas
abiertas de par en par, la puerta abierta y sujetada con una cadena y un
camarero con una una camisa de manga corta ... mientras corren 10 graditos por
la calle y, a continuación, todo el respetable del bar desayunando con
el chaquetón puesto y muertos de frío, porque si ponemos la
calefacción nos agobiamos con el calor. Maravillosa ciudad, una vez mas, dando
respuestas sui
generis a
sus cuestiones. ¿Agobios con la calufa? Cambio de estación.
Qué frío pasé hoy en el Kiko... Esa puerta!
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